¿Auto grande y miembro chico van juntos?

 

Las tres teorías apuntan a lo mismo: cuanto más grande es el auto que una persona se compra, más chico es su miembro viril.

El artículo, sostiene argumentativamente un mito popular que levanta revuelo.

Encontramos la razón teórica que sostiene el mito popular de que el tamaño del miembro viril de un conductor es inversamente proporcional al del vehículo que maneja.

Le pedí a un amigo su camioneta para hacer un pequeño flete personal.

Él, generosamente, me la prestó bajo la condición de que yo sacara el vehículo del garaje sin su ayuda.

A pesar de no cachar muy bien la talla, acepté la condición.

Al toparme con el desafío, me di cuenta de lo absurdo de la situación: tuve que hacer unas 10 maniobras para sacar ileso al monstruo de casi 7 metros de largo del garaje, ¡dos veces el largo de un Spark!

 

Dicho fenómeno de los autos grandes tiene su origen.

Hay una ola en EE.UU. que sigue la tradición reciente de la exageración en el consumo y que, como de costumbre, contagió a la burguesía occidental de muchos países, particularmente la de Latinoamérica: es la moda de los autos grandes.

Son las SUV’s, VAN’s AWD’s y otros acrónimos muy elegantes con sus apóstrofe’s.

Pero en el fondo son lo que son: gastadores autos petroleros de lujo ridículamente grandes en una metrópolis saturada de vehículos, en los cuales la mayor parte del tiempo viaja una persona sola en una avenida en muy buen estado.

 

Lo interesante es que en vez de que el diseño se adapte a las necesidades materiales humanas, el exagerado narcisismo proliferado en la cultura neo-liberal hace que el diseño siga otro camino, adaptándose a los caprichos individuales de una sociedad emocionalmente desestructurada.

Y que el resto de la ciudad se adapte: si el auto no cabe en ningún estacionamiento, no importa.

Si la calle es estrecha, no importa.

Si yo no veo la moto o el ciclista que viene atrás de mí, no importa.

Si tengo que maniobrar 10 veces para sacar el auto del garaje, no importa.

Si mi auto gasta hasta cinco veces más que un city car en una ciudad con restricciones serias respecto a la contaminación, no importa.

Si el riesgo de herir gravemente a los ocupantes de otros vehículos en caso de accidente aumenta gracias al tamaño y peso de mi dinosaurio… ¡no importa!

 

Lo que sí me importa es el efecto anestésico de un producto que, según una sociedad enferma, genera seguridad y felicidad a su dueño.

Más aún si este producto es caro, exclusivo, grande y brillante.